orlando santana cabrera, españa
Es tan diminuto el deseo cuando nace, tan frágil, que hay que cobijarlo en el centro mismo del corazón para que no se resfríe y crezca sano y hermoso como una flor. Con un paño de tisú arropé mi deseo por ti, mimándolo a todas horas sin que el cansancio me ganara, y creció robusto, sí, y tan bello como un adonis, y algunos se extrañaban de mis ojos refulgentes. Mas, con los años, también creció la voracidad de mi deseo, su descarado egoísmo, su desmedida locura. Frívolo, atávico, inconstante, furioso, descabellado, lo llevo conmigo a todas partes donde vaya y me zarandea como si me hallara en medio de un siroco. Cada tarde lo bajo al valle, para que saltando entre las piedras se entretenga y se canse y se olvide de sí mismo, y acaba tendiéndose sobre la hierba, exhausto, oliendo con delicia alguna flor cogida en el sendero y llenando sus pulmones con su fragancia, y entonces me extraño de que un sentimiento tan abatido y triste pueda recrearse con una nostalgia que lo llena de humildad.
Orlando Santana Cabrera
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Por lobitogabriel - 29 de Octubre, 2006, 9:25, Categoría: poesia
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